Quien se va por la cultura, no vuelve por el sueldo

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Qué es el bienestar laboral

El concepto de productividad y trabajo ha cambiado con el paso del tiempo. Eso es un hecho.

 

Hoy en día las empresas conviven con cuatro (y hasta cinco) generaciones en su cultura, por ejemplo Baby boomers (de 40 a 60 años), generación X (de 35 a 40 años), generación Y (de 24 a 34 años) y generación Z (entre 18 y 23 años).

Cada una de estas generaciones tiene percepciones distintas de la economía, diferente ideología y situaciones socioculturales totalmente dispares, por lo que naturalmente sus motivaciones no tendrán nada que ver las unas con las otras.

Adivina: ¿qué motivaba a la generación de los baby boomers? ¡El dinero! Cuanto mayor sueldo percibían las personas, más reconocidas se sentían. Esta era su motivación primaria y el resto de los aspectos pasaban a un segundo plano. Cuánto más cobraban, más realizadas y valoradas.

Pero lo que llevó a que esa generación de empresas y trabajadorxs fuera exitosa ya no es la clave del trabajo actual, ni será la del futuro del trabajo. ¿Por qué? 

Para entenderlo necesitamos contestar la siguiente pregunta: ¿Se fideliza a una generación X o Y solo con dinero? La respuesta es NO, ya que el paradigma cambia, los tiempos cambian, el entorno cambia… y ésta deja de ser una condición primordial. Es entonces cuando el salario se deja de asociar solo al sueldo (salario económico) y empezamos a hablar de salario emocional.

Salario económico versus salario emocional

Lxs colaboradores comienzan a identificar una serie de necesidades a satisfacer, además del sueldo que cobran a final de mes. Hemos dejado de vivir en la Revolución Industrial, y nuestro cometido no es «producir» como si estuviéramos en una cadena de montaje.

Cuando decimos “salario emocional” hablamos de necesidades físicas, emocionales, sociales, de desarrollo y autorrealización, entre otras. Y con estos conceptos es que empiezan a surgir los primeros acercamientos a la definición del bienestar social o empresarial. Poner el foco en estos conceptos, demostró que si se propicia un ámbito social o clima agradable, las personas trabajan más a gusto y son más productivas.

Pero ¿qué es el bienestar empresarial? ¿Beneficios flexibles aislados? ¿Regalar un vale por un masaje relajante? ¿Organizar una fiesta de primavera?

 

Sí y no. Es verdad que el bienestar de una organización refleja el bienestar del negocio, pero el concepto pretende, no solo premiar a lxs colaboradorxs destinando parte del presupuesto a actividades de recreación, sino que se trata de reconocer a las personas como seres integrales que son, en todas sus dimensiones, a nivel físico, mental, emocional y espiritual.  Tener en cuenta a la persona integral y poner en marcha un programa de bienestar empresarial, aumenta el grado de satisfacción personal y sentimiento de pertenencia de lxs colaboradorxs, generando un mayor compromiso con la visión y objetivos de la organización.

El objetivo de diseñar un plan de bienestar tiene que ver con crear ciertos hábitos saludables, que se traducen como el motor del crecimiento a nivel personal y empresarial. A su vez, si se propicia un clima organizacional positivo, se generarán vínculos relacionales más confiables, amigables, cercanos, lo que incentivará a crear una cultura ágil de crecimiento y aprendizaje.

Todos los beneficios mencionados, impactan directamente en la rentabilidad de la empresa. ¿Cómo?

  • Si las personas gozan de una buena salud física, mental y emocional, el índice de absentismo disminuye.
  • Si las personas cuentan con un espacio de relajación y gestión del estrés, el índice de burnout también disminuye.
  • Si las personas se sienten comprometidas y satisfechas con su trabajo, se transforman en embajadorxs de la propia organización y aumenta el valor de marca.
  • Si las personas se sienten motivadas y con un alto grado de sentido de pertenencia, la productividad habla por sí sola.

El clima organizacional puede impactar hasta un 40% en la productividad.

 

En esta época que estamos viviendo, nos toca repensarnos como agentes del mundo del trabajo y el bienestar integral es la clave.  Nuestra invitación es a animarnos como empresas a desafiar los “cómo, dónde y cuándo”, a pensar más en los “qué y para qué” incentivando un clima de contribución y propósito colectivo, en el cual las personas pasan a ser el capital más importante.

A modo de cierre, nos gustaría dejarles una frase que se ha vuelto muy conocida en el último tiempo:

“Quién se va por el sueldo, puede volver por la cultura. Pero quién se fue por la cultura, no volverá por el sueldo”

 

 

– Virginia Rey, Consultora en Gestión Humana, especializada en bienestar integral.

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